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domingo, 21 de febrero de 2010

Rompiendo el Silencio


Había mantenido el contacto con el por algún tiempo, aquel sujeto era verdaderamente todo un caballero, la trataba con propiedad y respeto; cosa que a ella complacía, el no llenaba su tiempo con molestas visitas y le era agradable leer aquellos textos escritos por una mano cuidadosa y una mente habida en palabras que le demostraban que ella lo era todo para una persona, un completo desconocido en parte, ya que de alguna manera su alma se sentía conectada en lo mas profundo con la fuente de tales halagos.

Pese a este conocimiento, ella deseaba poder contemplar los ojos de aquella persona, pero nunca había tenido una respuesta positiva ante el ofrecimiento de tan ansiado encuentro, las negativas de aquel sujeto eran expresadas formalmente, sin sobresalto alguno y haciéndole ver a la joven muchas razones, que ella simplemente ignoraba al momento de que sus ojos pasaban las líneas escritas por su admirador, o creía solo mentiras blancas de una mente por demás creativa, pero a su vez algo insegura.

Esto hizo crecer el deseo de la joven por encontrar a la fuente de tan bellas afirmaciones y elogios, mas el insistía en permanecer en las sombras.

Aquello no era una relación verdadera, por mas conocimiento que ella tuviera de los sentimientos y el sentir del autor anónimo, seguía siendo un total desconocido que se escondía tras una cortina de silencio bellamente adornada con un sinfín de proferíos carentes de la parte audible, lo que los hacia inútiles; el por su parte no había tenido el privilegio de observarla o dirigirle alguna palabra.

Este silencio y anonimato empezaron a calar hondo en el alma de la joven, siendo motivo de los mas diversos sentimientos e ideas: ¿Aquel podría ser una especie de demente o tal vez el mas apasionado de los amantes? ¿Debería de tener miedo ante lo que se podría presentar frente ella o al fin encontraría al mejor de los amigos?... Un sin fin de posibilidades bailaban en su mente, avanzando en su frenética odisea hacia su corazón ¿Qué podría esperar?

El rápido avance del tiempo y los deseos de la bella dama al fin resonaron en la mente del joven, haciéndole ver que al fin el momento de tan esperado encuentro estaban muy próximos, el no postergaría por mas tiempo aquel momento, en su alma también surgía la necesidad de cruzar palabras con el objeto de sus versos, pero el destino es un cruel portador de tormentos y miseria, y algo que el no podía saber, es que pronto lamentaría aquella decisión.

El ultimo escrito llego puntualmente a la puerta de la joven como lo había venido haciendo durante seis largos años, ella rápidamente lo tomo entre sus manos y lo con algo de impaciencia, rompiendo el sello de la carta y deslizando el papel de dentro del sobre hacia el exterior, ella sabia que esta carta era diferente, algo en su mente se lo hacia notar, mientras sus ojos contemplaban las palabras que ella había deseado leer con todo su corazón durante un largo tiempo.

El deseo del caballero por al fin poder escuchar la dulce voz de su “amiga”, de poder mantener la mas hermosa de las conversaciones, de tener la oportunidad única de poder observar sus facciones con detenimiento, su cabello y su mirada, se encontraban plasmadas en aquella pieza de papel, un medio en extremo efímera, pero que podía sostener todo el peso de los sentimientos de aquella desdichada alma, todo entregado a la joven, que en ese momento se encontraba sonrojada y un tanto nerviosa ante la invitación de esa persona.

La noche se encaminaba rápidamente hacia el desenlace de aquel misterio y el tiempo parecía volar mientras el sol descendía en el horizonte, nada debería salir mal, la joven se tomo su tiempo eligiendo entre sorprendentes cantidades de finos vestidos sus mejores galas, su atuendo debería ser impecable, perfumo su cuerpo con las mas delicadas esencias, cepillo su cabello y lo arreglo de tal manera de que sus hermosos rizos cayeran a los costados de rostro, el cual maquillo tenuemente debido a que su belleza natural no necesitaba de mas, pero enfatizando su atención a resaltar sus ojos, aquellos que siempre fueron adulados por el desconocido, esa mirada que lo había cautivado tiempo atrás, causando en el la mayor de las admiraciones.

Pero las horas pasaron rápidamente y ella no escatimo en su arreglo personal, por lo que ahora salía de su casa a toda prisa muchos minutos después de la hora prometida de aquel encuentro.

Al llegar al citado lugar, las afueras de un concurrido restaurante de la época, se vio sorprendida al no observar mas que al habitual tumulto de personas que concurrían aquella transitada callezuela, mas algo estaba fuera de lugar en la escena, de entre todos los caballeros de costosos y elaborados atuendos y las damas luciendo llamativos pero a todas luces incómodos vestidos, resaltaba la silueta de una figura un tanto desalineada, sentada en una acera cercana a las ventanas del citado comercio, donde comensales evitaban dirigir su mirada a las ventanas, sumidos en platicas ajenas y devorando los mas exóticos platillos, cuyo olor escapaba de las puertas del lugar y le recordaban a la dama que en su ajetreado preparativo olvido consumir alimento alguno.

Mas ahora todas esas sensaciones que inundaban sus sentidos no tomaban demasiada importancia, eran simples detalles que día a día se presentaban en un lugar como ese, ella estaba a punto de conocer al objeto de su emoción y simplemente ningún otro pensamiento cruzaba por su mente, el nerviosismo y la ansiedad desgarraban su corazón, pero el deseo y la esperanza combatían contra aquellos sentimientos en una batalla que tenían ganada.

Los minutos pasaron y el frío hizo su trabajo, ella decidió sentarse en una banca cercana a una antigua lámpara que tenuemente iluminaba una parte de la banqueta, los carruajes elegantes con su lento andar hacían su recorrido nocturno frente a ella, al igual que las parejas de enamorados que demostraban su amor mutuo cautelosamente y que con un paso lento y romántico, abandonaban su vista y se perdían entre el tumulto, mas aun no había seña alguna de la persona que tanto anhelaba conocer.

Sumergida en sus ideas y soñando despierta, no se dio cuenta cuando la tambaleante figura de aquel miserable se acerco a ella: un llamado con una voz ronca y quebradiza pronunciando la palabra “señorita” quebranto su leve letargo.

Ella alzo su mirada dirigiéndola rápidamente a su rostro, este presentaba unas facciones descuidadas, su piel presentaba marcadas líneas a manera de cicatrices que recorrían todo su rostro, pronunciándose a lo largo de su rostro y terminando en su barbilla, sus ojos eran pequeños e inexpresivos, rasgo distintivo de las personas que a duras penas conseguían algo para comer en aquella sociedad tan demandante con los que nada tienen; También pudo contemplar parte de su atuendo, el cual estaba en su mayor parte desgastado pero sorpresivamente muy limpio y formal, lo que lo hacia resaltar de entre todos los mendigos que ella había conocido asta el momento, mas fuera de lugar se encontraba al ser esta una zona de elite social.

Aquella persona alzo su mano dirigiéndola hacia la joven y antes de que siquiera este pudiera aproximarse más, ella tomo de su bolso unas cuantas monedas, las cuales arrojo contra aquel infeliz en un gesto de desprecio, impactando en su pecho y cayendo al suelo en el momento, resonando estrepitosamente al contacto con el suelo

No necesitaba de mas y en un tono severo y presumiendo su acto de bondad, se dirigió hacia el andrajoso joven –Ahora lárguese de aquí, espero que le aproveche y no me moleste mas- Tomando un poco de aire después de la fuerte impresión siguió con su dialogo – En estos momentos no tengo tiempo de juegos y usted no debería de estar en este lugar, si le brindo mi caridad, es por que realmente me parece molesta la presencia de personajes como usted, pero debido a mi amor por mi religión, me veo obligada a ayudar al prójimo en momentos de necesidad o desgracia; Ahora llévese esas cuantas monedad y úselas para lo que desee, aunque no dudo que serán cambiadas por un trago de alcohol en una taberna de mala muerte o por cualquier cosa que regocije el alma de los inmundos…

Antes de siquiera dejarla continuar con esa serie de declaraciones, el joven se agacho y recogió las monedas que la dama le había arrojado, tomando del suelo cada una de ellas con sus maltratadas manos y alejándose a paso lento y tambaleante, su rostro no cambio para nada después de aquellas horribles palabras proferidas por la dama, y eso a ella le indicaba que su mensaje había sido claro, ya que a ella se le había educado para hablar con sinceridad, a decir la verdad siempre sin importar la situación.

Después de aquel sobresalto, siguió con su impávida espera, pero aquel caballero que seguramente habría actuado en contra de aquel vago, sin temor a arriesgarse para proteger a toda costa la integridad de la joven, no asistió a la cita.

En sus respectivos hogares, la señorita y el misterioso autor se lamentaban en silencio, sollozando y derramando lagrimas sobre sus almohadas, la bella dama por haberse sentido engañada por la persona que a través de hermosos escritos la idolatraba, y el joven autor de tan hermosa poesía, por haber sido desengañado por el sonido de unas cuantas monedas cayendo en el frio piso, a los pies de su amada.

3 comentarios:

Lee (Doctor Muerte) dijo...

necesito un diccionario de sinonimos

Anónimo dijo...

Vaya que eres un ser enfermo! no quisiera jamàs en mi vida toparme con un ser que tiene tanta mierda en el cerebro. Has ido a algún psiquiatra?? estas realmente consciente de que estás muy, pero muy enfermo???

ɯǝʇɹoɯʇsod ǝǝl dijo...

si!!! muajajajajajaja!

Pero, al no ser un desorden que ponga en peligro mi vida y que necesite MEDICACIÓN, tal vez sea mejor acudir con un PSICÓLOGO.

Se tiene que aprender a diferenciar a ambas profesiones.


Bien, pedazo de puñetas anonim@, cumplí mi promesa, no censuro a nadie, ahora, chúpame las bolas lol

saludos!